Despegar: El día que el mundo se hizo pequeño y mis sueños grandes
Hay momentos en la vida que dividen tu cronología en un "antes" y un "después". Para mí, ese momento no fue planeado, no fue unas vacaciones soñadas ni un retiro espiritual. Fue el trabajo. El destino me mandó a provincia y, de repente, me vi ahí: frente a una mole de metal, con un boleto en la mano y el corazón latiendo a un ritmo que no conocía.
El primer vuelo y el clic de la cámara
Nunca olvidaré esa sensación en la boca del estómago cuando el avión deja de rodar y decide, por fin, desafiar la gravedad. En ese instante, mientras las nubes se convertían en el suelo, nació en mí algo más que el asombro: nació la necesidad de capturarlo todo.
Fue en ese primer vuelo donde empezó mi obsesión (la buena) por las fotos. Saqué el celular, pegué el lente a la ventanilla y disparé. No era solo por la estética; era porque sentía que si no lo registraba, mi mente no iba a creer que yo estaba ahí, flotando sobre las montañas.
La primera foto: Un ala plateada cortando un mar de algodón.
El primer descubrimiento: Que las ciudades, desde arriba, parecen circuitos de juguete donde los problemas se ven diminutos.
La primera certeza: Que viajar es, de alguna forma, aprender a soltar la tierra.
Volar indirectamente
Desde entonces, mi cámara y yo somos uno solo. Me di cuenta de que tomar fotos es una especie de vuelo indirecto. Cada vez que reviso una imagen de mis viajes, vuelvo a estar suspendido en el aire. Capturar un recuerdo es como guardar un pedacito de libertad en el bolsillo para cuando los días se vuelven rutinarios o pesados.
"Fotografiar es reconocer que el momento es tan grande que no cabe solo en los ojos; tiene que vivir para siempre en el papel (o en la pantalla)."
La vida en mil capturas
A veces me preguntan por qué le tomo foto a "todo lo que se me ocurre". La respuesta es sencilla: porque la vida pasa rápido, pero una imagen detiene el tiempo. Ese viaje a provincia por trabajo terminó siendo el viaje donde descubrí mi pasión por documentar mi existencia.
Hoy entiendo que cada foto es un hilo más en ese tejido misterioso del que hablábamos antes. Un hilo que brilla con la luz del sol golpeando la ventanilla de un avión a diez mil metros de altura.
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